
De regreso a casa, pasamos frente al parque y encontramos un pichoncito de algún pajaro que seguramente había caido de su nido... Al principio, pensé en llevárnoslo a casa (no era mala idea engordarlo y asegurar nuestra comida en estas épocas de crisis económica), pero luego desistí porqué no tenía qué darle de comer ni sabía cómo cuidarlo... Tristemente, a las dos horas que volvimos a pasar ya no estaba...Seguramente -por pensarlo mucho- se me adelantaron los condenados gatos.